De la república al desinterés por lo público

LA REPÚBLICA BURGUESA IMPOSIBLE: LA POLÍTICA Y LA SUBJETIVIDAD EN TIEMPOS DE NEOLIBERALISMO

Resumen

En un principio me propuse remitir únicamente al problema del conflicto, articulando distintos autores con el discurso contemporáneo. Pero en la realización del escrito, a medida que avanzaba decidí incorporar un abanico más amplio de autores que los pensados inicialmente, Maquiavelo y Aristóteles, con aportes de Mouffe y Laclau. Esta decisión se basa en profundizar tópicos sociales y políticos que orbitan alrededor de la noción de conflicto, la política y el poder en nuestra Argentina.

Entonces ¿Por qué es importante el conflicto para pensar la política? La respuesta la podemos encontrar en la misma literatura clásica de la Antigua Grecia: Hay política porque hay tragedia, que es lo mismo que decir porque hay conflicto y sobre todo la hay ya que no todo es tragedia. Es decir, ella existe debido a lo necesario de resolver aquellos conflictos intrincados en el espacio común, la posibilidad de resolución es necesariamente porque no todo es tragedia. Los grandes Dioses daban sentido fundamental a lo trágico en la antigüedad, a lo que hoy se traduce en el entendimiento de nuestra fragilidad, por la fuerzas que no controlamos que se imponen entre nosotros o por los efectos no deseados de la acción. En definitiva, sin conflicto no hay cosa pública, por lo tanto no es posible la capacidad de resolución de lo común.

Es importante esta recuperación conceptual pues es la base para entender cómo construir conjuntamente más allá de los intereses particulares la cosa pública, aquel espacio común dónde tiene lugar lo universal y lo comunitario. La razón de este ensayo, articulado a lo recién dicho, es a modo hipotético, es entender, en lo posible y con las múltiples aristas que no van a poder ser desarrolladas, el creciente desinterés por lo público, lo común en el contexto actual del regreso tragicómico del neoliberalismo retomando la noción de lo político y su relación con el conflicto.

Consideraciones: Globalización, Subjetividad Neoliberal y Crisis de representatividad

Es innegable entender e incluso establecer las diferencias que encontramos en la argentina actual con hace unas décadas. Hablando, leyendo he visto como se tiene en el panorama actual, la preocupación sobre la pérdida de la ciudadanía activa, la participación o interés en lo común, más debidamente al contexto neoliberal. Hay distintos textos del asunto, como J. Alemán o Dardot sobre la subjetividad neoliberal, explican cómo nos afecta mucho más allá de la esfera económica, o incluso los dispositivos de poder contemporáneos,más sofisticados. Sin embargo, pese a lo interesante del asunto me centraré en teorías y conceptos desde la cátedra en ayuda a dar cuenta de discursos o imágenes circulantes de la apatía política o incluso de propagación de los mal llamados apolíticos. Junto Con ello paradójicamente como el gobierno se pone en contra del estado, de su mirada negativa de lo político “meten política en cualquier lado” “marxismo cultural homosexualizante” “ ideologia de género” “adoctrinamiento” por ejemplo recuerdo la marcha del orgullo del 2023 dónde había quienes se quejaban de “meter política forzosamente en la marcha”, obviamente olvidándose de nuestra historia, de lo que costó ser visibles, y de todo lo que queda por conquistar, y sin embargo hoy, sacan la ESI, desfinanciar tratamientos contra el VIH, que nos afecta o puede afectar a toda la ciudadanía pero se reduce contra un colectivo haciendo de discriminación y de justificante para el ajuste, pues no se percibe como un problema de lo común sino particular y encima de un colectivo discrimano y disidente históricamente. Sin embargo en twitter ya corren discursos en los que lo vinculan directamente con la homosexalidad, Mondino nos decía piojos, y en realidad el gobierno cubre su homofobia tras el discurso del respeto al proyecto irrestricto del otro, lo cual no es más que una vil mentira, una ilusión. Volviendo al conflicto, en otros espacios fuera del oficialismo se busca acallar, poner en él una mirada negativa de desaprobación, pero si la polarización viene de ellos es celebrada, establecen polarizaciones, marchan con motosierras y exclaman con IA’s “zurdos van a correr”. No es nuevo en absoluto, pero hoy los ciudadanos que se autodenominan apolíticos se multiplican, aparentemente hace años baja la participación de los procesos electorales y otros tipos de participación como la movilización a través de la protesta.

Fenómeno que no puede explicarse de manera aislada, y en este sentido hay un amplio repertorio de material teórico respecto al problema de la representación democrática e incluso la erosión de esta última. En un principio el hecho puede explicarse desde el contexto de la globalización. He de recuperar en este punto a Arendt y García Linera*, pues para saber qué hacer es necesario entender dónde estamos parados. Se atribuye desde distintas corrientes la desmovilización a la globalización, pero adhiero al pensamiento de Garcia Linera cuando afirma que no adviene la globalización en el fin del Estado, existe una bidimensionalidad, un carácter doble, pues no hay globalización sin estados pero tampoco éstos existen sin las influencias de organizaciones y organismos mundiales. Lo global no implica la extinción de la soberanía porque quienes se perjudican de la dinámica son los mismos Estados, a su vez la pérdida de soberanía es a costa de entregar los recursos públicos de un Estado a otro, en el beneficio de este último similar a formas imperiales y coloniales del pasado. Por otro lado, afirma Aredt, si se llegara a concretar un gobierno mundial que tiene como acción previa fundamental la renuncia de la soberanía y las tradiciones de una nación, sería el fin de la ciudadanía y de la política mundial. Del resultado de este proceso destructivo se erradicaría la dimensión de profundidad del pensamiento humano del cúal nació la técnica, la ciencia y la tecnología que terminarían, debido a el automatismo tecnológico, por llevar el proceso destructivo, de la unidad horriblemente vacía. Es decir, vamos encaminados a la erosión de la soberanía, pero no se debe a la globalización en sí, sino a los Estados que proyectan en otros su influencia, poder y dominación por un lado y podríamos, por un lado. En otro sentido desde Arendt, preguntarnos al menos si la tecnología y la conectividad hoy en día terminan por socavar la profundidad del pensamiento, se me ocurre esto último porque en primer lugar no es secreto que no se puede transmitir amplios y complejos textos por los mecanismos más comunes donde circula la información, es decir redes sociales e IA, además hay teorías donde se respalda la hipótesis sobre el mal uso de forma desmedida, excesiva de Redes Sociales e Inteligencias Artificiales tienen consecuencias graves a las conexiones neuronales.

Para completar el panorama sobre la búsqueda de la raíz causal que suscribe el concepto de baja en la representación de la república , además de converger en la erosión democrática, la insatisfacción con el sistema y las instituciones que dicen representar al pueblo; es necesario recuperar a Marx y el concepto de la imposibilidad de realización de la República burguesa. Este aporte es extraído del Dieciocho brumario de Luis Bonaparte, recuperando principalmente la introducción de Clara Ramas de San Miguel*. Marx ya teorizaba en el supuesto que debido a la sociedad de mercado regida por el individualismo y el interés personal, donde toda operación o ámbito es interpretado bajo la lógica costo-beneficio (esto último no es marx propiamente) La sociedad moderna es imposible, la democracia, dice marx, no es compatible con el capitalismo y en esa razón subyace que los derechos del hombre y el ciudadano haya contrariado su principio de universalidad. Ahora bien, en su contexto no había todavía sufragio universal como hoy en día, entonces, ya llegados al sufragio casi verdaderamente universal, cabe preguntarse de qué manera recuperar esta definición conceptual . Sí para Marx no es compatible el sufragio universal con el capitalismo, hoy que lo tenemos en un capitalismo que ha evolucionado en base a sus crisis ¿Puede acaso esto explicar la crisis de representatividad, la erosión democrática y la vuelta neoliberal? Podría asegurar de igual manera que la instancia de voto no reduce la acción política enteramente ni a la democracia como tal, entonces una vez asegurado el voto como universal de la unidad, esto no implica necesariamente democratización de la democracia,valga la redundancia. Desde la abstracción contractual del siglo XIX se ha luchado por una mayor inclusión en el llamado contrato social. Radica así en el Estado la unidad de la sociedad diversa, donde converge el conjunto de particularidades en pos de un “sujeto” universal. Bajo los estándares de la igualdad jurídica; la voluntad general por medio de la representación y la cohesión legítima a través del disciplinamiento. (Garcia linera 2022) El Estado es una comunidad, el espacio dónde se toman decisiones para todos, pero contrario a los valores de la revolución francesa, la república burguesa es imposible, en su tiempo Carlitos Marx lo justifico bajo la contradicción del sujeto universal, pues el Estado no representa más que los intereses de las clases dominantes. Extrayéndolo al ahora, sigue esta misma lógica articulando a Gramsci, es a través de la hegemonía de estas clases que por mayoría abrumante han convencido mediante las instituciones a las clases subalternas de que sus ideas son o bien correctas o las únicas posibles. Sumado a esto, se configura hoy en día al sujeto neoliberazido con un individualismo fundamental, intrínseco a él, erosionando todo espacio público y toda identidad colectiva llevándose por delante a su vez la participación política activa.

Volviendo a Marx, él defiende su idea sobre la república burguesa imposible asegurando que el sufragio de las mayorías oprimidas se interpondrá con la sumisión económica necesaria a perpetuar. Y esta idea sintetiza muy bien los continuos conflictos de intereses contrapuestos, por ejemplo lo que va de los años 40 a 70 en la historia de nuestro país. Pero siendo el sufragio universal y el capitalismo en otro momento histórico que difiere al de Marx, podemos pensar en la existencia de formas para persuadir a quienes deben ser sumisos ante el poder económico. El concepto de hegemonía de Gramsci puede completar el panorama. Pero por otro lado aludir a que, la democracia no debe reducirse a la instancia electiva, como así también no se tiene asegurada la efectiva representación pues es muy común hoy en día escuchar las opiniones que rondan en “Son todos iguales” o “panqueques” “no resisten el archivo” por lo cual podemos afirmar en el hoy en día existe una distancia entre la ciudadanía y sus representantes, tenga o no que ver con lo ilusorio del Estado como comunidad (Marx). Entonces si la democracia es más que marcar una cruz en la boleta pero hoy en día es la forma más extendida de participación política, el poder económico puede ejecutar por otros medios la dominación. A su vez existen representantes, como los de hoy, que sirven cómodamente a los intereses dominantes, el gobierno de las clases dominantes, no solo las nacionales sino y más bien internacionales, de preferencia países potencia del norte global. Personajes que ganan en tiempos dónde cada vez la instancia del voto es reducida del 76,53% en las presidenciales 2023 (siendo de las más bajas desde la vuelta de la democracia) hasta las últimas elecciones dónde se redujó al 67,85%* siendo las elecciones legislativas con menor participación desde la vuelta democrática pero el presidente afirma que ganó con el apoyo de dos tercios de los Argentinos. Pero si se toma la totalidad del padrón electoral el resultado rondará un número bastante inferior.

Por otro lado, no puedo soltar este texto de Marx sin intentar posicionar nuestros tiempos tal como lo hace en el libro, como objetivo y manera primordial, pues hay una arista más en baja representatividad del Estado burgués y tiene que ver con la interpretación desde la literatura a la cuestión política. Cabe preguntarse entonces ¿Es el presidente de la nación un mini luis bonaparte? ¿Nos reímos o somos trágicos? Son tiempos tragicómicos pues es comedia porque en realidad, en nuestra actualidad, donde parece tener más peso el personaje mediático que grita, genera escándalo y chicanas que las propuestas serias en sí, pero hoy ¿Quién quiere a un tipo serio? Para qué tener a un tipo serio si no nos podemos reír de él en twitter, dejemos que los diputados se digan gato, hagan payasadas ¡Prendamos fuego twitter! Hoy parece que para destacar hay que dejar las formas de lado, y ser un personaje interesante en redes. No parece haber motivación en lo serio y formal, capaz se debe a que estamos expuestos a lo instantáneo, a receptores de dopamina activándose constantemente, y aquellos que quieran ser relevantes en este tiempo han de intentar penetrar en la corriente algorítmica. Marx corrige a Hegel, pues cuando de los eventos del pasado ocurre su repetición histórica esta última no es tragedia sino comedía, se sustituyen los eventos heróicos del pasado por actuaciones mediocres. Sin embargo Marx y Hegel eran alemanes, si fuesen argentinos aseguraría Marx por el contrario que la repetición histórica transformada en comedia no sucede una vez, sino dos o tres veces más. Los eventos trágicos de nuestro pasado no son heroicos sino simple y llanamente trágicos, con desapariciones, muertes y torturas, de lo que ha quedado hasta hoy es un modelo de nación que sustituye la justicia social de su pueblo por el reconocimiento de organismos transnacionales, es más que un modelo económico, es un estilo de vida diferente. Y de los restos de los setenta sus repeticiones cómicas son cada vez más vulgares. Personajes burlescos con millones de vistas, desestructurados cada vez más, con menos oratoria o demostración efectiva de lectura académica y la comprensión de los textos mismos. Hemos llegado hoy con un presidente que se pasa todo el día en twitter, hace reduccionismos asquerosos de conceptos de teorías incapaz de entender pero que cita, no sabe hablar o leer un discurso, cosas que no serían gravemente cuestionables si tuviese otro origen de clase o trayectoria académica, empero tiene un título universitario (Dios sabe cómo). Sorprendentemente no queda expuesto como un idiota, porque esta en el momento justo y necesario del auge del antiintelectualismo, donde las masas en parte atraidas hacia los dispositivos de poder que circulan a través de redes sociales no sienten la necesidad de leer más que los carácteres de un tweet, una noticia redactada con IA, un video de treinta segundos como máximo de tiktok reels o shorts. La oposición tampoco tiene aportes extraordinarios pues los más leídos si bien pueden llegar a tener o no difusión, en paralelo hay quienes que continúan esta nueva tendencia de argumentaciones sosas, ataques sin sentido, en cuestiones cómicas más no propias del logos, es decir, ya no hay búsqueda de la opinión fundamentada, al menos en términos generales parece ir decayendo. Parte de las ironías de nuestro tiempo es ser, casi a nivel global, las generaciones con más acceso a información y paradójicamente la más desinformada. En conclusión estamos en tercera repetición histórica de modelo neoliberal, que implantado con bota de hierro fue orquestado por los Estados Unidos de América en su origen, allá por los setentas y hoy en día sigue siendo protagonista, como Estado tutor que ya no necesita de las armas sino de redes sociales y presidentes títeres, conformando la vuelta cómica debido a su absurdo en personajes pero que siguen la misma fórmula como a su vez lo conforma en su mayoría los mismos Menems, Bullrichs, Struzeneggers y Caputos.

Qué es la apatía política y los apolíticos*

Habiendo ya bosquejado los posibles matices detrás del fenómeno que deseo analizar, pese a lo extenso de abarcar cada teórico empero he de adentrarme en la definición misma de los apáticos, los apolíticos. Para después, pese a lo engorroso del orden de las definiciones, profundizar en el concepto de lo político. El primer acercamiento a la política, es definir claramente a los que se posicionan fuera de ella, con sus razones, válidas por cierto ya que como vimos son signo de un fenómeno más amplio.

Más que definiciones conceptuales me remitiré a desglosar la definición etimológica y de diccionario. Primeramente la palabra apatía se puede rastrear del periodo helénico en la antigua Grecia, momento histórico en el que coexistieron los cínicos, estoicos y Epicuro. En el contexto del fin de la Grecia clásica por la conquista macedonia, lo que implicó la retracción de la política y el advenimiento de la ética, en dónde se enseña a cuidar el espíritu frente a la gran desorientación. Etimológicamente la palabra está compuesta por el prefijo “A” que designa “no” o “sin”; la palabra pathos, de emoción/ pasión/sentimiento/ enfermedad y por último el sufijo “ia” que designa cualidad. Es decir, la apatía es la cualidad de ausencia de emoción, pasiones o sentimientos, la indiferencia de emoción ante diversos acontecimientos, presentada como la cura del espíritu por parte de los estoicos a la filosofía helenística.

Por otro lado desde el diccionario se la define como Impasibilidad del ánimo y Dejadez, indolencia, falta de vigor o energía, vinculado directamente al desinterés; la indiferencia; desgana y el abandono y contrario al entusiasmo, la pasión y el interés. Pese a que estableceré más adelante la definición de lo político, en este primer acercamiento, la apatía política viene siendo una cualidad impulsada por la indiferencia, el desinterés o hasta el abandono valorativo de la política y lo político como acciones, instituciones y formas de intervención en el espacio común, desentendiendose de ella. Empero es una cualidad que se puede tanto identificar desde un tercero externo a la persona apática políticamente como la misma puede definirse así. A su vez puede no coincidir entre ellas es decir, uno puede creerse desentendido de la política pero no así desde fuera o al contrario, uno puede ser acusado de apático hacía la política sin sentirlo así. Sin embargo, considero más afín el término apatía política que “apolítico” pues por razones que no tengo el tiempo de exponer, no considero que una persona pueda serlo, indiferentemente si así se define a sí misma, porque como humanos que conforman la sociedad civil no podemos evitarla ni en los más finos entramados de la vida codiana.

Ahora sí es necesario profundizar hacía el concepto de la política en clave conceptual y teórica

Concepto de lo político

Dentro del extenso material teórico-conceptual que abarca el definir qué es la política, me basaré en los aportes de Chantal Mouffe; Laclau* y una breve percepción desde el campo nacional y popular de Eva Duarte.

Para empezar el enfoque de Mouffe y Laclau, se vincula con las nociones de antagonismo y hegemonía, las cuales parten de los límites de lo político y lo social, donde las relaciones sociales y con todo lo que cargan, incluyendo sus luchas, definen a través del antagonismo como vínculo fundamental a la asociación política, y la disputa por establecer lo universal, que no es más que el resultado del enfrentamiento de proyectos hegemónicos. Entonces la definición del concepto de lo político parte del combate por establecer lo universal que en principio se impone al conjunto de particularidades, más no dejan de existir pese a la representación universal, lo cúal resulta en una universalidad contaminada, construida en definición de una relación hegemónica resultante de la confrontación antagónica de los particularismos. Lo político es entonces un status de lo ontológico. En este sentido , lo universal y lo político se encuentran enteramente arraigados al conflicto en sí (social, qué es político) por esto la única manera de establecer consensos en una democracia es a través del conflicto, con una confrontación antagónica al rededor de la disputa hegemónica que defina el consenso de lo universal. Esto es lo político.

Por otro lado retomando estrictamente a Mouffe, ella en En Torno A Lo Político* establece la distinción entre lo político y la política. Esta última pertenece a la dimensión óntica propia de la política convencional, el conjunto de prácticas e instituciones que establece un orden que se deriva del terreno de la conflictividad de lo político. Lo político corresponde a la dimensión ontológica, la base de su pensamiento radica en una recuperación y por otro lado una ruptura con Carl Schmidt, pues lo político primeramente se construye estableciendo la identidad colectiva, reconociendo un nosotros en contraposición de un otro, es decir, se construye a partir de una relación amigo-enemigo. Entender lo político a partir de esta relación significa comprender su dimensión afectiva, la conformación de identidades como cohesión del eros, pulsión que se contrapone a la del tánatos y fomenta los lazos comunales en una identidad compartida y los otros fuera del nosotros corresponde redireccionar la pulsión agresiva, se convierte en una relación antagónica. Pero no es posible pensar en una democracia con la concepción amigo-enemigo de Schmidt, por esto Mouffe establece un límite elaborando lo que ella llama la confrontación agonista, dónde el antagonismo tiene lugar con el reconocimiento legítimo de las instituciones democráticas y del adversario, sin la intención de destruir la comunidad política, confrontación que está en constante relación con la hegemonía, pues la confrontación implica tomar una decisión en el terreno de lo indecidible en las fronteras de lo social y lo político. La toma de decisión es resultado del enfrentamiento de proyectos hegemónicos, articulando lo político en el sentido del vínculo antagónico y la política, porque se puede representar en instituciones propias de la dimensión óntica.

Por otro lado me parecía interesante traer, en torno al conflicto y las relaciones antagónicas un extracto de un texto que leí hace poco

El fanatismo es la única fuerza que Dios le dejó el corazón para ganar sus batallas. Es la gran fuerza de los pueblos: la única que no poseen sus enemigos, porque ellos han suprimido del mundo todo lo que suene a corazón. Por eso los venceremos. Porque aunque tengan dinero, privilegios, jerarquías, poder y riquezas no podrán ser nunca fanáticos. Porque no tienen corazón. Nosotros sí. Ellos no pueden ser idealistas, porque las ideas tienen su raíz en la inteligencia, pero los ideales tienen su pedestal en el corazón. No pueden ser fanáticos porque las sombras no pueden mirarse en el espejo del sol. Frente a frente, ellos y nosotros, ellos con todas las fuerzas del mundo y nosotros con nuestro fanatismo, siempre venceremos nosotros. Tenemos que convencernos para siempre: el mundo será de los pueblos si los pueblos decidimos enardecernos en el fuego sagrado del fanatismo. Quemarnos para poder quemar, sin escuchar la sirena de los mediocres y de los imbéciles que nos hablan de prudencia. Ellos, que hablan de la dulzura y del amor, se olvidan que Cristo dijo: "¡Fuego he venido a traer sobre la tierra y que más quiero sino que arda!" Cristo nos dio un ejemplo divino de fanatismo. ¿Qué son a su lado los eternos predicadores de la mediocridad?

En el escrito de Eva Duarte de Perón Mi mensaje*, tiene impregnado pedazos de teoría política, en particular la distinción entre nosotros ellos pero así también su visión del motor de la política, de la política militante, afirma ella que los tibios no conocen de victorias, que ha llegado la hora de los pueblos, de los fanáticos. Es un llamado a unirse y no rendirse en la disputa por un proyecto político victorioso que ve en su contrario una amenaza existencial. Pese a lo imposible que parezca, porque si se es pragmático o se piensa demasiado uno se queda estancado, no va a la acción necesaria, entonces el fanatismo mueve a la acción política contra aquello que parece invisible y no tener sentido porque solo en la movilización no racional se encuentra la victoria de los pueblos, y podríamos ejemplificar como caso ilustre al pueblo vietnamita, prueba viva de ello. Detrás de sus definiciones, más necesariamente recomiendo leer el escrito enteramente, se encuentra lo fundamental de lo político que cae específicamente en los movimientos sociales, el pueblo. Cuando habla de la hora de los pueblos, se refiere al pueblo como la plebe, los pobres que se enfrentan a los oligarcas. Estas figuras no son nuevas e incluso se pueden rastrear en la tradición republicana, ya sea Aristóteles o Maquiavelo, la figura del enfrentamiento del pueblo con los grandes, como dos espíritus contrapuestos empero al complementarse, estando juntos y en disputa dentro de la República, la hacen más perfecta, también la mezcla adecuada de oligarquía y democracia (Griega, clásica, anárquica) que separadas son las más corruptas forma de gobierno paradójicamente en conjunto conforman la Politeia, la república constituida como la más perfecta forma de gobierno según Aristóteles. Pero cabe acá una diferencia fundamental, Eva no alude al otro, al oligarca o al tibio, como un oponente necesario, es netamente una relación antagónica pues la existencia de unos y el silencio de otros pone en riesgo su existencia, y esto es cierto pues se ve concretado en el golpe y auto-atentado en 1955. Para peor los “grandes” no buscan el bien común, solo les interesa perseguir sus intereses más particulares y egoístas, que van en contra del pueblo, afirmación que ya había hecho nuestro querido Nicolas Maquiavelo, cuando escribía que los nobles tenían un único gran deseo de dominación y los plebeyos el de no ser dominados. Empero, fuera de la oligarquía terrateniente, dentro del justicialismo, se alude a la mezcla del capital nacional y el trabajo.

Conflicto, república y liberalismo

Si lo político no puede separarse del conflicto porque este lo constituye, no es posible pensar la república a base de consenso. El punto es, al traer el tema a la actualidad existen, como así lo interpreto yo, dos nociones que coexisten pero son contradictorias. Se alude hoy a la gobernabilidad, por ejemplo las facultades extraordinarias del ejecutivo, los DNU´s o los vetos constantes, sin embargo le es fundamental la diferenciación nosotros-ellos, el antagonismo y el conflicto, paradójicamente es solo necesario para el presidente o su gabinete insulten a diestra y siniestra, más no es útil ni necesario en el ámbito parlamentario ni toma de decisiones fundamentales. Se niega el conflicto en el espacio que parece más indispensable y solo se permite en el discurso, con la intención de generar algo en el receptor, en el intento de construir una identidad colectiva antagonizada o al menos ser elegido ante sus oponentes. Pero es necesario preguntarse si no se están pasando los límites, porque hacer política al grito “zurdos de mierda”, decir que la persona que ellos consideran, bajo sus propios parámetros, de izquierda tienen una enfermedad mental, negar la existencia de las palabras “lesbicidio”, “femicidio” y el desfinanciamiento sistemático de programas, espacios de salud o concientización ¿No son acaso formas de destrucción de la asociación política? porque lo que se dice impacta en nuestras acciones y contextos, no es casual los seguidos casos de violencia hacía lesbianas o los recientes casos de violencia policial hacía homosexuales y personas trans ocurridas en noviembre y que se encuentran en aparente aumento.

Los discursos de odio que reducen la calidad de humano del otro, el diferente, el adversario tienen consecuencias en el proceder de lo social. Recuerda a cómo el humanismo de la colonización, lo que antes se hacía en nombre de la humanidad hoy es en nombre de la economía, funciona para enmascarar al dominante del dominado. Para salvar el marcado, se renuncia a las pensiones jubilatorias, las universidades, los derechos históricamente adquiridos ya sean laborales o humanos, se renuncia a escuchar al otro a respetarlo, y se reduce en algunos aspectos, al insulto en medios, con una cámara, un micrófono o un teclado. En definitiva es la renuncia institucional e incluso de la misma ciudadanía hacía la cosa pública y el bien común. El abandono por parte del Estado a la política, al menos como afirman los dirigentes que es su meta, el Estado como mero aparato administrativo, o incluso sin él porque se creen topos que lo destruyen por dentro, se autoproclaman anarcocapitalistas y las masas pierden cada vez el poco interés en lo público y lo común.

Como he mencionado, mientras esto sucede, se busca pasar por encima de las bases democráticas y de representación, en primera instancia con los vetos, dnu´s, la situación empeora al continuar las negociaciones con Estados Unidos por lo que llegará el momento en dónde no habrá institución democrática alguna que pueda tomar una decisión, porque ya no seremos un país soberano, una potencia imperial moverá los hilos de nuestro destino, con poder de decisión sobre nuestros recursos, nuestra moneda y no quedara allí politica necesaria más que el antagonismo más puro del ser nacional, contra aquel que vino a llevarse todo. La renuncia a lo público por parte de la ciudadanía hace posible este tipo de gobierno como a su vez es la subjetividad propia de nuestro contexto, la subjetividad neoliberal, fue inducida para respaldar el sistema que le ha hecho emerger. No viene desde el 2023, es un signo que aparece reiteradas veces desde hace tiempo. La primera y trágica instancia proviene del periodo desde 1976 e incluye la fuelta de la democracia porque inicio el proceso paulatino de disciplinamiento de las masas argentinas, los priódos consecutivos de terrorismo de Estado y proceso hiperinflacionario en el gobierno de Alfonsín dieron lugar a la primera rotura del tejido que dejó atravesar en él pedazozs de subjetividad neoliberal, que se ve puntualizada en la pasividad de las masas durante el ajuste y las privatizaciones en el gobierno de Menem.

En lo extenso del tema, considero necesario abarcar en realidad los específico de la base de Estado moderno, como un boceto del carácter antidemocrático no solo del neoliberalismo sino de la libertad neolberal en sí. Además de la globalización o la intervención tutora de otro Estado, el gobierno es abiertamente antidemocrático pues no solo está rodeado de discursos de odio, de la reivindicación de la dictadura sino que ni siquiera se compromete con la forma clásica de libertad liberal. Para comprender este punto particular del fenómeno es necesario revolver en conceptos clásicos. Tendríamos que buscar sus raíces en los conceptos de libertad modernos, la libertad contractualista, la negativa. Es importante de definir, pues es la base de legitimación, La libertad negativa de los modernos refiere a la falta de coerción externa, pone al individuo junto con sus derechos encima de la comunidad política. Ahora bien no parece que la libertad hoy en día sea entendida en estos términos sino más bien se transgiverso a un “hacer lo que uno quiere”* y por lo tanto se invoca a la figura del sacrificio (retórica ascética, estoica) que es altamente antidemocrática. ¿Por qué resulta esto de interés entonces? Porque implica que la base abstracta misma de la sociedad ha mutado, esta libertad imposible se torna antidemocrática socavando lo social en Argentina. La libertad neoliberal no puede asumir la definición de libertad negativa moderna, como la ausencia de cohesión externa, pues se torna necesaria la figura del sacrificio como conjunto de la suma de austeridad individual de cada ciudadano, para salvar al Estado o al mercado. Signo presente especialmente en el inicio de la actual gestión del ejecutivo, la imagen de que el peso del ajuste recaiga sobre la ciudadanía. Una figura teórica que ilustra este concepto es el hombre empresario de sí, el hombre endeudado de lazzarato que asume en él la carga del endeudamiento estatal. Esta concepción de libertad que deviene en una forma de ser ciudadano, es corrosiva de la democracia, pues la figura del Estado y la gestión del gobierno no recae en la responsabilidad de contribuir al bien común, ni siquiera el sacrificio se hace para el futuro beneficio de la nación o lo que conforma lo social, sino es el mercado o el estado quién lo absorbe y es el individuo acá quien no termina por responsabilizar a nadie más que así mismo y paga la deuda externa sacrificándose por ella. Cabe preguntarse entonces si los individuos no son libres como ha de serlo la comunidad política. La lógica del sacrificio elimina la cosa pública, a la república como espacio dónde se establece el bien común y es capaz de hacer de elemento transformador que posibilite una mayor inclusión de lo social como construir la igualdad para la base democrática. Es en estos términos qué es antidemocrática, pues corrompe la base republicana que supone la democracia para debatir y establecer el bien común, lo universal en contraposición del interés particular.

El rastro de los hoy autodenominados apolíticos, puede seguirse en las compresiones más individuales de la política ya que se han desplazado paulatinamente las subjetividades colectivas, reemplazadas por la meritocracia del ciudadano inversor que ve en todos los aspectos de su vida una inversión, rendimiento y competencia. Y es en este desplazamiento de lo colectivo y lo común deviene en la baja valoración de lo público de instituciones democráticas en como de un mayor reconocimiento de lo una politización reactiva .*

Si bien estamos parados en un contexto de conexión inmediata y mundial, con las particularidades recién mencionadas, debido al hecho de que aún es posible la soberanía y no es es fin de los Estados, podemos recuperar de otros tiempos, y lejanos es quedarme corta, autores y teorías para la construcción de la república.

El problema se encuentra en la representación, hay que pensar en qué nos falta para recuperarla, desde lo teórico y no tanto en cuestiones causa-consecuencia, como por ejemplo la pérdida de confianza por repetidas noticias por casos de corrupción o la insatisfacción sobre promesas de campaña insatisfechas. Existe una brecha entre representantes y representados, es posible que falte no sólo representación efectiva de sectores sino empezar a incluir otros que aún no han encontrado su voz dentro del sistema institucional. Seguimos la línea de Maquiavelo*, para que la república sea engrandecida es necesario la confrontación de los grandes y el pueblos, de la oligarquía y los plebeyos. Desde Roma, la creación de los tribunos de la plebe terminó por perfeccionar la constitución de la república, esto sucedió porque la desunión entre el senado y el pueblo, el desacuerdo entre ambos acabó por hacer leyes en favor de la libertad, haciendo de la república Romana más fuerte y libre. La república es aquel espacio donde, mediante tumultos y desórdenes, tiene lugar la lucha entre los grandes y el pueblo, se enfrentan allí los interés particulares en pugna para definir lo universal, lo público mediante las leyes. Entonces para que exista la república es necesario un horizonte común como la capacidad de establecer lo universal, a su vez este campo común ha de ser un campo de batalla. Volviendo en el tiempo y saliendo un poco de la teoría, como he venido tratando el tema pero no quiero pecar de ser redundante, esta misma concepción del conflicto como necesario para mejorar la libertad, las leyes y lo común va perdiendo importancia, pues lo público últimamente ha adquirido una imagen negativa como también existe el creciente aumento de la individualidad. Puede que estemos atravesando un periodo de desinterés en lo público y lo común, lo cual afectará indudablemente a la república pues el enfrentamiento de intereses en pugna no representaría a los dos espíritus de los que habla Maquiavelo, sólo resultaría en el enfrentamiento de simples funcionarios, cargando con los intereses de partido o particulares más no de sectores sociales genuinos. Si bien uno por encima puede asegurar que hay tal división porque existe la famosa grieta, sin embargo pese a que es claro el límite de qué intereses dice cada uno representar, quienes votan son las mayorías, y existe un desfase entre clase-voto, que puede explicarse por ejemplo si se toma el concepto de manin de la Democracia de Audiencia (Que no haré por cuestión de tiempo y por el hecho que ya abarque autores varios) No hay forma de afirmar a menos ahora en lo momentáneo sí esta representación realmente funciona o se está quedando detrás para con los ciudadanos. (si tuviera recursos no tendría problema en hacer un trabajo de investigación social) Si quisiéramos volver a Marx, entendemos que ni Maquiavelo ni Aristoteles vivían en un sistema capitalista ni han intentado llevar a cabo, por cuestiones históricas y teóricas, la República Burguesa. Lo importante es recuperar el conflicto en todas sus dimensiones, volver a reivindicar en espacios de lo político y de la política, para dar lugar a la discusión de la cosa pública. Por otro lado desde antes ya Aristoteles* escribió que la forma de gobierno perfecta es la república pues es la mezcla de dos regímenes desviados: Los pobres que son mayoría y la oligarquía que son la minoría rica. Conjuntamente,como se encuentran en pugna interés y formas de organización política, se llega al bien común, que vuelve a la república en régimen perfecto, de la mezcla de intereses particulares de los ricos contra los intereses particulares de los pobres resulta en la consolidación del bien común a toda, o la mayoría de la ciudadanía, porque no se accede enteramente a uno u otro si no su justo medio. Por otro lado es necesario que la ciudad este dividida y no que se aluda al consenso total porque no haría inevitable la representación. Tomando a ambos autores entonces, la contraposición de intereses y formas no tienen lugar hoy porque hasta las elecciones legislativas pasadas, todo enfrentamiento parlamentario -que ya mencione no parece tener una representación perfecta o siquiera acertada- fue frenado mediante vetos, DNU y las atribuciones extraordinarias que se dieron al ejecutivo.

Construyendo conclusiones

Para finalizar creo oportuno hacerlo de manera sintética pues el recorrido hasta aquí ha sido largo o incluso confuso, y ahí radica la dificultad de trabajar con varios autores en un ensayo ya predeterminadamente limitado en hojas y caracteres. Lo que ha de quedar claro teóricamente es la necesidad de recuperar la representación efectiva de los intereses de los grandes y el pueblo, una tarea que por medio implica embarrarse en conflicto y lucha, no hay escapatoria pues es el supuesto ontológico de lo político. Sin conflicto no hay representación efectiva que puede terminar por caerse como en la actualidad, en desinterés a lo común, un exponencial sentimiento del yo individual, inclusive como un yo empresario de sí, que reduce la participación en el espacio de lo común. Las graves consecuencias quedan por revelarse, pero es indudable que navegamos directo a estrellarnos pues en el contexto donde los avances de la globalización no implica más que orbitar bajo el control imperial de un Estado y la renuncia a la soberanía,por consiguiente la pérdida del control por parte de la ciudadanía de la capacidad de actuar en torno a lo político en el ámbito institucional y terminar por pagar los platos rotos de los gobernantes asumiendo la culpa, sin reclamarles nada. Un individuo no puede ser libre en una comunidad política que no lo es. El caso más distópico pero posible es la incapacidad de definir el campo de lo común y lo universal en Argentina por estar sujetos a una potencial imperial, organismos internacionales como FMI,etc. La república democrática es una herramienta para luchar por la libertad, no exclusivamente de los individuos sino de la comunidad política en sí, su autonomía y soberanía.